Para una región que en 2019 recibió más de US$103.000 millones, una caída del 30% de las remesas equivaldría a una pérdida de más de US$30.000 millones.
Para ponerlo en perspectiva, esto equivale aproximadamente a todo lo enviado el año pasado por la suma de migrantes guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, nicaragüenses, ecuatorianos y peruanos; o más de cuatro veces las remesas enviadas por los colombianos.
Como explica el especialista del BID Lab, el 80% de las remesas se siguen enviando desde puntos de pago en efectivo, como Western Union o Money Gramm, y muchas de esas tiendas han tenido que cerrar como resultado de las medidas de aislamiento social.
"Y aunque muchos han migrado a las transferencias electrónicas, no todos los migrantes tienen cuentas bancarias lo que crea una dificultad", le dice a BBC Mundo.
Por eso, para Vivanco, si los gobiernos latinoamericanos quieren mantener el flujo de remesas "deben facilitar los procesos de identificación digital, que en muchos de los países de la región son procesos engorrosos".
"También es muy importante el apoyo a los pequeños comercios, a las tiendas de barrio, porque en muchos países las redes de agentes que pagan las remesas es la forma de asegurar que estas llegan a los puntos más remotos, a los barrios de los migrantes", continúa.
"Creemos que declarar los puntos de pago de remesas como servicios financieros y por tanto como servicios esenciales también ayudaría a facilitar el acceso", agrega.

Concuerdo, América Latina así como el resto del mundo esta siendo gravemente afectado económicamente por esta situación, donde las remesas como otras áreas han caído y se puede ver una gran diferencia con los años anteriores.
ResponderEliminar